Es en  Rari, una aldea ubicada en el centro de Chile, que están  las manos mágicas que trabajan la crin. Son de todas las edades y desde muy temprano aprenden este arte, con más de doscientos años, que persiste y sigue evolucionando.

Al final tienen buenas razones para ello, los resultados son increíbles. Piezas que no pasan desapercibidas al observador. Los colores, las texturas, las formas… Autenticas obras de arte salidas en su totalidad de las manos de estas artesanas que sólo utilizan una aguja para las terminaciones.

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El crin es natural o teñido con anilina  vegetal, que le confiere  resistencia. De esta forma el material está listo para dar alas a la imaginación de quienes van a trabajarlo.

Su aplicación es muy variada, desde collares, pendientes, pulseras, broches, canastillos, posavasos, muñecos, mariposas… objetos con gran simbolismo y llenos de armonía.

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