Un abanico para cada ocasión
Yo de peque tenía una obsesión preocupante por los abanicos. Me encantaban. Nunca tuve uno propio pero solía coger el de mi madre para jugar con él durante horas. Me gustaba el sonido que hacía cuando lo abría y cerraba muy rápido: ras ras ras. Nunca tuve uno porque normalmente entre ras y ras había un CRAC y mi madre se enfadaba muchísimo. Quizá por eso, ya de mayor, nunca he tenido un abanico. Ahora he decidido comprarme uno y como no quiero hacerlo de cualquier manera, me he documentado un poquito. Esto es lo que he encontrado:
El abanico es uno de los objetos más antiguos que conocemos. Prácticamente todas las civilizaciones de la antigüedad usaron esta artesanía: desde los japoneses hasta los incas y aztecas, pasando por los egipcios, babilónicos, persas y griegos.
También es un elemento destacado de la cultura y la tradición españolas. Una curiosidad: las jóvenes de clase alta del siglo XIX inventaron un lenguaje del abanico para comunicarse con sus pretendientes o amantes sin que sus madres se enteraran. Así, deslizar el abanico sobre la mejilla significaba Te quiero pero moverlo con la mano derecha quería decir Quiero a otro.
Pero, ¿Actualmente, quién usa abanicos? y sobretodo, ¿En qué ocasiones es mejor llevarlos? “Las mujeres ahora eligen modelos elaborados y se preocupan de llevar un abanico adecuado a su vestuario“. Me lo explica María Ramos, representante de Erzalem & Distiva , una empresa dedicada a la producción de abanicos artesanales.
Le he preguntado a María qué abanico y qué ropa es más adecuada para cada situación y me ha propuesto: un abanico de diseño sencillo y colores alegres para un día de playa o un abanico de maderas nobles y diseño más elaborado para una cena de gala. Y además…
María recomienda: los abanicos de novia, elaborados con maderas nobles como el ébano y decorados con encajes de seda.





Deja un Comentario